John Ashbery – En cuanto se arregle

por Bruno Cuneo
John Ashbery nació en Rochester, New York, en 1927. Junto a Frank O`Hara es el poeta más destacado del grupo conocido como New York Poets que, en la década del 50, compartió el escenario cultural norteamericano con la Beat Generation y el expresionismo abstracto.

De todo eso, se diría, Ashbery es hoy el único sobreviviente, moribundo, dicen algunos, desde que hace unos años atrás no se le otorgara el Premio Nobel. ¿Lo merece? No lo sé, me gustan sobretodo dos de sus primeros libros – Rivers and mountains (1966), The double dream of spring (1970)- y, por supuesto, su magnífica ekfrasis titulada “Portrait in a convex mirror” (1975). El poema que ahora presento pertenece al segundo de los libros mencionados. Publiqué, hace ya varios años, una primera versión de este poema como parte de una pequeña antología que elaboré junto a Alfonso Iommi para la revista Pensar & Poetizar. Nunca quedé conforme con esa versión y, para ser francos, hoy me parece totalmente inaceptable. Vuelvo entonces a la soltura de amarras de la partida con la esperanza de que los daños puedan arreglarse en algo.

En cuanto se arregle

Apenas tolerados, viviendo en los márgenes
de nuestra sociedad tecnológica, teniendo que ser siempre rescatados,
casi al borde de la destrucción, como heroínas en Orlando Furioso,
justo antes de que llegara el momento de empezar todo de nuevo.
Había truenos en los arbustos, un crujir de aspas,
y Angélica, en la pintura de Ingres, contemplaba
el colorido, aunque pequeño, monstruo próximo a su pie, como pensando
si, a fin de cuentas, olvidarse del asunto no fuera acaso la única solución.
Y entonces siempre había un momento en que
Happy Hooligan venía arando el camino
con su oxidado automóvil verde, sólo para asegurarse de que todo estaba Okay,
sólo que para entonces ya estábamos en otro capítulo, y confundidos
en cuanto a cómo recibir esta información de última hora.
Pero, ¿era información? ¿No será que por ventura representábamos esto
para el provecho de alguien más, para los pensamientos en una cabeza
con suficiente espacio disponible y para ahorrarnos los pequeños problemas (así
comenzaron a parecer),
nuestra diaria preocupación por la comida, el arriendo y las cuentas impagas?
Reducir todo esto a una pequeña variable,
Dar al menos un paso libre, minúsculo, sobre la llanura gigantesca,
nuestra ambición era esta: ser pequeños, claros y libres.
Ay!, la energía del verano se desvanece tan rápido,
en un instante más ya se habrá ido. Y ya no queda tiempo
para los preparativos necesarios, aunque sean simples.
Tal vez nuestra estrella era más brillante cuando tenía agua.
Ahora, en todo caso, poco importa eso, lo que importa es saber
cómo agarrarse a tierra firme para no ser arrojado,
por un sueño ocasional, una visión: un petirrojo pasa volando
por el ángulo superior de la ventana, tú cepillándote el cabello
casi sin poder ver, o una herida fulgirá
contra el dulce rostro de los demás, algo así como:
Esto era lo que querías escuchar, ¿por qué entonces creíste
escuchar otra cosa? Cierto, somos todos habladores,
pero en el fondo del habla yace
lo que mueve y no quiere ser movido, el laxo
significado, sucio y simple como un piso gastado.

Estos, pues, son algunos de los riesgos que implicaba el juego
y aunque sabíamos que el juego era riesgoso y nada más
no dejó de ser choqueante cuando, casi un cuarto de siglo más tarde,
entendimos por primera vez claramente las reglas.
Los jugadores eran ellos, y nosotros, que tanto habíamos luchado en el juego,
éramos sólo los espectadores, aunque sujetos a sus vicisitudes
con las que, a fin de cuentas, cargaríamos a cuestas al salir del quejumbroso estadio.
Noche tras noche este mensaje retorna, se repite
en las parpadeantes ampolletas del cielo, inalcanzables, lejanas,
pero nuestras a pesar de todo, una y otra vez hasta ser una verdad incontestable,
la esencia de nuestras frases, el clima que las nutre,
no nuestras para pertenecernos, como un libro, sino para estar con ellas,
y a veces estar sin ellas, solos y desesperados.
Es más bien la fantasía la que las hace nuestras, una suerte de mercado negro
Elevado a la categoría de un ideal estético. Estos fueron momentos, años,
de sólida realidad, rostros, acontecimientos nombrables, besos, actos heroicos,
pero, como el amistoso comienzo de una progresión geométrica,
no algo como para tranquilizarse y pensar que algún día podríamos prescindir del significado, cuando se quedara corto. Ya que la promesa de aprender es una ilusión,
dijiste,
mejor permanecer cabizbajos como en las primeras lecciones,
y estuve de acuerdo, agregando que
el mañana alteraría el sentido de lo que habíamos aprendido,
que el proceso de aprendizaje avanza en este sentido, y que, desde este
punto de vista,
ninguno de nosotros se graduará alguna vez de la universidad,
porque el tiempo es una emulsión, y probablemente pensar en no crecer,
ahora en todo caso, sea para nosotros la forma más alta de madurez.
Y ya ves, ambos estábamos en lo correcto, aunque nada
haya llegado en cierto modo a nada; los avatares
de nuestra consecuencia con las reglas y vivir
alrededor del hogar han hecho de nosotros– a ver, por así decirlo, “buenos ciudadanos”,
que se cepillan los dientes y todo eso, que aprenden a aceptar
la caridad de los momentos difíciles como si fueran migajas,
porque esto es la acción, este no estar seguro, esta descuidada
preparación, este sembrar las semillas retorcidas en el surco,
este disponerse a olvidar y este retornar siempre
a la soltura de amarras de la partida, aquel día tan lejano.

  Soonest Mended

Barely tolerated, living on the margin
In our technological society, we were always having to be rescued
On the brink of destruction, like heroines in Orlando Furioso
Before it was time to start all over again.
There would be thunder in the bushes, a rustling of coils,
And Angelica, in the Ingres painting, was considering
The colorful but small monster near her toe, as though wondering whether
forgetting
The whole thing might not, in the end, be the only solution.
And then there always came a time when
Happy Hooligan in his rusted green automobile
Came plowing down the course, just to make sure everything was O.K.,
Only by that time we were in another chapter and confused
About how to receive this latest piece of information.
Was it information? Weren’t we rather acting this out
For someone else’s benefit, thoughts in a mind
With room enough and to spare for our little problems (so they began
to seem),
Our daily quandary about food and the rent and bills to be paid?
To reduce all this to a small variant,
To step free at last, minuscule on the gigantic plateau–
This was our ambition: to be small and clear and free.
Alas, the summer’s energy wanes quickly,
A moment and it is gone. And no longer
May we make the necessary arrangements, simple as they are.
Our star was brighter perhaps when it had water in it.
Now there is no question even of that, but only
Of holding on to the hard earth so as not get thrown off,
With an occasional dream, a vision: a robin flies across
The upper corner of the window, you brush your hair away
And cannot quite see, or a wound will flash
Against the sweet faces of the others, something like:
This is what you wanted to hear, so why
Did you think of listening to something else? We are all talkers
It is true, but underneath the talk lies
The moving and not wanting to be moved, the loose
Meaning, untidy and simple like a threshing floor.

These then were some hazards of the course,
Yet though we knew the course was hazards and nothing else
It was still a shock when, almost a quarter of a century later,
The clarity of the rules dawned on you for the first time.
They were the players, and we who had struggled at the game
Were merely spectators, though subject to its vicissitudes
And moving with it out of the tearful stadium, borne on shoulders, at last.
Night after night this message returns, repeated
In the flickering bulbs of the sky, raised past us, taken away from us,
Yet ours over and over until the end that is past truth,
The being of our sentences, in the climate that fostered them,
Not ours to own, like a book, but to be with, and sometimes
To be without, alone and desperate.
But the fantasy makes it ours, a kind of fence-sitting
Raised to the level of an esthetic ideal. These were moments, years,
Solid with reality, faces, namable events, kisses, heroic acts,
But like the friendly beginning of a geometrical progression
Not too reassuring, as though meaning could be cast aside some day
When it had been outgrown. Better, you said, to stay cowering
Like this in the early lessons, since the promise of learning
Is a delusion, and I agreed, adding that
Tomorrow would alter the sense of what had already been learned,
That the learning process is extended in this way, so that from this
standpoint
None of us ever graduates from college,
For time is an emulsion, and probably thinking not to grow up
Is the brightest kind of maturity for us, right now at any rate.
And you see, both of us were right, though nothing
Has somehow come to nothing; the avatars
Of our conforming to the rules and living
Around the home have made –well, in a sense, “good citizens” of us,
Brushing the teeth and all that, and learning to accept
The charity of the hard moments as they are doled out,
For this is action, this not being sure, this careless
Preparing, sowing the seeds crooked in the furrow,
Making ready to forget, and always coming back
To the mooring of starting out, that day so long ago.

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