Silencios, escritura y transitoriedad, en “Los huesos de la Mariposa” de Elgar Utreras Solano

Portada Los huesos de la mariposa1

Por Juan E. Fernández

 

Elgar Utreras Solano (1972), escritor oriundo de Chillán, sorprende con Los huesos de la Mariposa, libro recientemente publicado por Ortiga Ediciones, sello independiente del cual participa como director junto a Hugo Quintana (Editor), Diana de La fuente (Co-editora) y Patricio Contreras (encargado de arte y diseño).

La portada es sugerente, primero, es un acierto la ilustración de Catalina Villanueva, una mariposa con ojos, pies, cuerpo y alas en todo su esplendor, desplegando un cierto tipo de hipnótica mirada que invita a la lectura. Por otra parte, la tipografía de la portada ha sido elegida cuidadosamente, representa el devenir de la mariposa en una letra símil a la ligada, que ya esboza el universo poético del poeta.

El prólogo funciona bien como una primera lectura del poemario. Margarita Bustos entrega una mirada particular acerca de la representación simbólica de Los huesos de la mariposa y el lugar que éstos ocupan en el poemario, a partir de las nociones de ser/parecer, lo transitorio y transmutable, la ontología fundamental del lenguaje –en la línea de Heidegger–  y el mito de la caverna y mundo de las ideas platónico.

El libro consta de 32 poemas, presenta títulos sugerentes que actúan como entrada a otra línea de análisis: «Epitafio», «A modo de arte poética», «Vale cada palabra», «Un respiro», «La transparencia de las palabras», «El mundo de las mariposas», entre otros escritos. Muerte y escritura, palabra y respiro son parte de la construcción poética por la que apuesta Utreras.

A modo de sentencia, el poemario abre con «Epitafio». Es decidor abrir con el nombre que alude al ritual de dejar en la lápida de un difundo una inscripción conmemorativa. Sin embargo, inmediatamente el desarrollo del poema-verso se aleja del uso común al que alude su título: «Somos mariposas en el agua movidas por el viento», sentencia el poeta. (Utreras 13). A manera de una brisa rilkeana, así como `todo ángel es terrible´–cito a Rilke–, la mariposa inerte, ya devenida en huesos, es arrastrada a través de las aguas por el viento. Imagen fundamental que corresponde al eje articulador del libro. El poeta, proyectado en otras voces, luego de haber comenzado su viaje con la escena desnuda de la mariposa en las aguas se instala frente a la naturaleza y lo que ésta nos revela. En «A modo de arte poética», declara:

 

El aire verdad que nos viene respirando

Hondo tan hondo

Cuando nos hacemos al amanecer

Desde ahí

Resistimos en la palabra

Que hicimos nuestra

Habitando los días con pies descalzos

Nada que entender como la sombra de un viejo sauce

Sobre las aguas que fluyen desde un siempre ya lejano. (14)

 

Pese a que «Resistimos en la palabra», el `aire´ y su `ser´ nos atraviesan, pasan por nosotros como algo que nos cambia, nos modifica en tanto nos hace conscientes de nuestra condición de `existentes’. ‘Panta Rei´ (todo fluye), la famosa sentencia del filósofo griego Heráclito, está aquí presente como parte de la búsqueda de unidad dentro de la physis o el logos, lo que se podría traducir como naturaleza o conocimiento, representación misma del movimiento dual del agua, su ser y esencia de «fluir», aquello que `es´ y deja de `ser´. Doble movimiento que, cabe recordar, tanto en la filosofía griega como en el poemario aparece representada en la naturaleza y su ser, animado, como vida, conocimiento y sabiduría propia.

Sin duda, la palabra–escrita– cobra un papel fundamental en los versos de Utreras, por una parte, fija imágenes que abordan el tema del devenir de la existencia humana y nuestra relación con la naturaleza; por otra, actúan de forma performativa, como un intento de revelar el misterio detrás de las cosas que pasan por nosotros sin ser percibidas, dando cuenta de otra manera de comprender el mundo y actuar en él. Definidamente, Utreras apela al lector a que esté atento y mire más allá de sus ojos. Es el caso del poema «El mundo de la Mariposa» que abre con un epígrafe de Kalu Tatyisavi, poeta de la Ñu Savi, `nación de la lluvia´, que dice: «Los pétalos van de mariposa en mariposa» (27).

Misterio que aparece como una de las leyes de la naturaleza y la vida. El movimiento del agua ahora es reemplazado por el vuelo de las mariposas, que, en su traslado de un pétalo a otro, polinizan las flores, cumpliendo un rol fundamental en el ciclo de la vida. El poeta no sólo da cuenta de este hecho como algo trascendental, sino que reconstruye un momento de la vida de la Ñu Savi: «Junto al paladar está el saber del país de lluvia/ Sus mujeres, hombres y niños/Corren descalzos /Su lengua es lengua de pájaro» (27).

La primera imagen que aparece es la de la lengua, por medio de una sinécdoque: el órgano «paladar» por lengua que es calificada con el epíteto de «pájaro».  Los habitantes del «país de lluvia», «mujeres, hombres y niños» habitan el orden primordial de la naturaleza y del mundo de las mariposas:

 

«Junto al pecho está la gente de la tierra

Que sueña el sueño de sus padres

Donde corren con el viento

Hablan una lengua aérea que despierta

El corazón del mundo

El mundo es una mariposa» (27)

 

Los sueños para la gente de la tierra son fuente de transmisión de saberes que se comunican de una generación a otra. Aquí se desprende que durante `la vigilia´, el pueblo de la Ñu Savi estaba en sintonía con los elementos de la naturaleza, atentos a sus enseñanzas. Su vida fluía como lengua «aérea», representación de un mundo trascendental donde todo estaba animado, y en el movimiento de la «mariposa» estaba contenida toda la vida, el conocimiento y la sabiduría de una cultura, de un pueblo, por extensión, del universo mismo.

Recomiendo la lectura del poemario y solo restan algunas precisiones. Aplaudo la decisión del poeta de prescindir del uso convencional de la puntuación, lo que está en concordancia con el tema desarrollado. No obstante, en un par de poemas, hubiese sido relevante jugar con los espacios entre palabras y versos como una forma de reproducir las pausas del lenguaje oral, lo que está, claramente, en juego durante todo el poemario. Y, por otra parte, hubiese sido útil incorporar un índice, pese a que, por la extensión del libro, que no va más allá de 44 páginas, se puede volver rápidamente a los poemas que uno como lector pudiese retomar con un afán estético, analítico u algún otro. Sin embargo, tal vez renunciar a un índice podría ser la decisión consciente de un proyecto de poesía de la totalidad, donde los poemas pasarían a ser parte de un todo organizador, cada uno parte del otro. En fin, el mismo principio al que alude una y otra vez Los huesos de la mariposa.

 

 

 

 

2 Responses to Silencios, escritura y transitoriedad, en “Los huesos de la Mariposa” de Elgar Utreras Solano

  1. Mi abrazo agradecido en la Poesía, por estas palabras que dan una mirada cordial y profundo a este respiro que resulta en el vuelo de una mariposa. Fraternalmente.
    Elgar Utreras Solano.

  2. Luis dice:

    Conozco a Elgar, y creó que no solo es un gran poeta sino también una gran persona.

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