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Las ideas del físico,
químico (Premio Nobel 1977) y filósofo Ilya Prigogine
(1917) son materia de acalorados debates dentro de los círculos
científicos e intelectuales. Muchos colegas lo han señalado
como un "desertor de las ciencias", debido al amplio
alcance de sus generalizaciones teóricas que, entre otras
cosas, vienen a desarticular el determinismo (o raciocinio cerrado)
de las ciencias mediante una perspectiva de las probabilidades
y de las posibilidades evolutivas. Prigogine combate la idea de
que la naturaleza está sometida a un determinismo inmutable
y a leyes idénticamente reproducibles, y señala
que la naturaleza es creativa (inventa) y su dimensión
temporal está muy lejos de agotarse en la concepción
matemática cartesiana de un tiempo absoluto. El aporte
que le valió el Nobel a Prigogine fue la generalización
de la termodinámica, disciplina que establece las leyes
concernientes a las relaciones que existen entre calor y trabajo
mecánico. A partir de la invención de la "termodinámica
estadística" por parte de Boltzmann, Prigogine esbozó
lo que calificaría como "termodinámica general",
donde explica la aparición de "estructuras disipativas"
en el mundo físico, las cuales permiten concebir la forma
en que el desorden genera orden. En su ameno compendio del pensamiento
del sabio belga de origen ruso, Spire explica que "por intermedio
de ínfimas fluctuaciones-bifurcaciones se constituyen,
a partir del caos y lejos del equilibrio, nuevas organizaciones
complejas." Entonces, la entropía, hasta ese momento
considerada como "degradación o proceso de muerte
térmica" sería también creación
de lo nuevo, dinamismo y construcción. Si la hipótesis
se confirmara plenamente, esto significaría que "las
raíces del tiempo se hunden en el universo a más
profundidad de lo que pensábamos". En este marco,
Prigogine introduce su idea de una "nueva alianza" donde
la ciencia, al alejarse del determinismo de la física clásica,
vuelve a ligar al hombre con la naturaleza, aproximando las leyes
de la ciencia a las leyes de la vida al concebir a la vida como
"una expresión muy profunda, muy característica,
del universo en que vivimos". Universo que es esencialmente
"probabilista" y que contiene tanto lo reversible como
lo irreversible, lo determinista como lo aleatorio, donde, sin
embargo, lo irreversible es la norma, y lo reversible son procesos
ejemplares, "en el sentido en que lo son los relatos simplificados
que presentamos a los niños antes de enfrentarlos con los
problemas reales". Mediante la introducción de la
noción de la flecha del tiempo (tiempo unidireccional que
precede a la materia), en oposición a las leyes atemporales,
Prigogine articuló lo que podríamos llamar una nueva
certidumbre: "el futuro no está escrito en ninguna
parte". "Concede -por lo tanto- al tiempo su creatividad
fundamental y a los hombres su responsabilidad intrínseca
en la construcción del porvenir". Mientras algunos
consideran al Big Bang como el inicio del tiempo, Prigogine considera
que la gran explosión es el proceso irreversible por excelencia
que puede ser concebido como el inicio de nuestro universo, pero
no del tiempo ("que no tiene principio, y probablemente no
tenga fin").
Las teorías de Prigogine sin duda configuran una revolución
científica y filosófica de largo alcance, pues intentan
instalar un nuevo paradigma en el marco del pensamiento occidental.
En El fin de las certidumbres, obra reciente que se erige como
una de las piedras angulares de su pensamiento, Prigogine invita
a superar la contradictoria idea de que el universo está
regido por leyes deterministas y, sin embargo, los hombres se
mueven y actúan libremente en él. Lo que pretende
es encontrar "la vía estrecha entre el universo determinista
-que es alienante, porque el hombre no tiene su lugar- y el universo
aleatorio", donde no habría lugar para la razón
con los límites que le asigna el racionalismo clásico.
Es preciso, entonces, encontrar leyes naturales que desemboquen
en la pluralidad de los posibles, admitiendo las limitaciones
de dicha empresa. "Si el mundo está determinado -afirma
Prigogine - el tiempo es ilusorio. Si el tiempo es ilusorio, el
aprendizaje, la historia, nuestra vida son ilusiones.(...) La
idea de que somos autómatas, aunque perfeccionados, pero
que no saben que son autómatas, me resulta difícil
de aceptar. La historia del pensamiento occidental ha sido una
historia desdichada porque siempre está escindida entre
la imagen del autómata y la idea de un mundo dirigido por
Dios". Para Prigogine, la vida es una realización
de las posibilidades que hay en la naturaleza. El hombre es una
posibilidad que se ha hecho realidad y que no está en contradicción
con el universo, justamente por ser una expresión del universo.
La redentora vocación humanista del científico Prigogine
permite, por fin, hacer coincidir el tiempo de la ciencia con
la concepción proustiana del tiempo, donde "una hora
no es una hora sino un recipiente lleno de perfumes, de sonidos,
de proyectos y de climas".
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