Leonard Cohen: el más oscuro

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Por Francisco Leal

Your private life will suddenly explode
There’ll be phantoms
There’ll be fires on the road
and the white man dancing 

(“The Future”)

Tu vida privada explotará repentinamente
Habrá espectros
Habrá fuegos en el camino
Y el hombre blanco que baila (*)

Leonard Cohen: el más radiante, el más oscuro.

No es una competencia. Lo aterrizo a la espina: Cohen ha sido el que más me ha estremecido. Sin la escandalosa teatralidad del asombro, sus canciones me han paseado por abismos y cumbres, mostrando que pueden ser las mismas grietas.

Los alaridos de Axl Rose y su apetito de destrucción o los gritos infernales de Pantera. Los abismos guturales de Sepultura o las chasconas pesadillas de Metallica. La saliva rancia del amor reptil de Motörhead o la siniestra plasticidad de Iggy Pop. La sangre exuberante y barroca de Slayer o la compleja misa negra de Black Sabbath. En todos hay algo muy hermosamente oscuro. Pero el más oscuro de todos es Leonard Cohen.

Sus canciones, incluso las más misteriosas (“The Future”, “Jazz Police”, “Famous Blue Raincoat”, tantas, tantas, tantas) causan escalofríos, mucha alerta, pero no miedo. No paraliza. En las canciones de Cohen las cosas ya han sucedido o van a suceder o pueden suceder de todas formas. O no han sucedido, ni van a suceder ni pueden suceder de ninguna manera. La resignación es una luminosa batalla en sus trabajos. Sus canciones pueden sorprender, pero no hay sorpresa en ellas. Hay profundidades y alturas, caída y vuelo. La dialéctica en la poesía de Cohen no tiene que sintetizar.

I wish there was a treaty we could sign
I do not care who takes the bloody hill

(“Treaty”)

Ojalá existiese un acuerdo que pudiéramos firmar
Me da lo mismo quién toma esta maldita colina sangrienta

Cohen es oscuro porque su música pausa, no paraliza.

Im slowing down the tune
I never liked it fast
You want to get there soon
I want to get there last

(“Slow”)

Calmo la tonada
Nunca me gustó rápida
Tú quieres llegar ahí pronto
Yo quiero llegar último

No abunda en sus canciones la jovialidad. Pero tiene varios temas luminosos: sus lorquianos valses (una hija de Cohen se llama Lorca), son algunos ejemplos. O “Closing time”. Esas canciones expresan un aire carnavalesco, de júbilo. Sin embargo, hasta el baile parece oscuro en la música de Cohen: “Dance Me To The End of Love” (“Báilame hasta el fin del amor”), es uno de sus más reconocidos valses. Su baile sucede la última noche del carnaval, en la última canción. Justo antes de una muy prolongada cuaresma. Cohen es oscuro.

They’re dancing in the street – it’s Jubilee
We sold ourselves for love but now we’re free

(“Treaty”)

Bailan en las calles –es jubileo
Nos vendimos por amor, ahora somos libres

Leonard Cohen es oscuro porque no se deja atrapar. Ha escapado de todas las categorías musicales que le han impuesto. Ahora, al igual que Bob Dylan, Joni Mitchell o Vivaldi, es su propio estilo. Su música es Leonard Cohen.

En sus 14 discos de estudio, sin alardes, Cohen se educó a sí mismo en la música y la exploró y explotó desde varios ángulos y registros. Poco tienen en común, musicalmente, sus primeras canciones, con el poeta armado de una guitarra española (una de sus grandes influencias fue el flamenco), como “Suzanne” o “So Long, Marianne”, con los posteriores sonidos de magnificados sintetizadores y la sardónica ironía del álbum The Future. Aunque siempre fue Cohen: oscuro.

Cohen incluso trabajó un álbum, Death of a Ladies’ Man (1977), experimentando grotescamente con el exuberante muro de sonido de Phil Spector, quien produjo el disco. Hay momentos macabros en las canciones de Cohen, como su mordaz risa en “First We Take Manhattan”, pero no son muchos. Ese disco con Spector puede sea lo más macabro de su carrera. Se cuenta que en una de las disputas entre Cohen y Spector, este último, amante de las armas de fuego, sacó una pistola de su colección para obligar al cantante a seguir sus órdenes. Hoy en día el productor está encarcelado y acusado de asesinato.

Cohen es oscuro por sus constantes referencias religiosas. Pero sus letras nunca son evangelizadoras. No hay maestros ni ordenanzas. No hay que seguir mandatos. Ni siquiera en “Hallelujah”,  su tema más famoso, se pide una conversión. En las canciones de Cohen la seducción es más sexual que teológica, más corporal que moral. Por esas rendijas asoma un erotismo que cubre y descubre, que se enciende y apaga, que golpea y deja de golpear.

I don’t need a lover
The wretched beast is tame
I don’t need a lover
So blow out the flame

(“Leaving the Table”)

No necesito un amante
La bestia desdichada está mansa
No necesito un amante
Así que sopla la llama 

Cohen era también un poeta místico, religioso, carnal, pero un poeta que no exige cambios, arrepentimientos ni castigos.

I was fighting with temptation
But I didn’t want to win
A man like me don’t like to see
Temptation caving in

(“On The Level”)

Estaba luchando con la tentación
Pero no quería ganar
A un hombre como yo no le gusta ver
A la tentación ceder  

Cohen es oscuro porque hace ver la oscuridad. Giorgio Agamben definía al contemporáneo (y al poeta) como el sujeto que tiene la capacidad de neutralizar las “luces que vienen de su época para descubrir su oscuridad especial”. Cohen brillaba y se lucía. Cohen es oscuro porque no se asombra con las luces ni se espanta de ellas. Destacó en las letras (fue novelista y reconocido poeta), en la música (en conciertos y trabajos de estudio), y en el cine. Sus canciones son las bandas sonoras de películas tan variadas como Pump Up the Volume, Natural Born Killers, Shrek, o de la reciente serie de HBO, True Detective, entre muchas otras.

También desparecía. Dejaba de escribir o escribía muy lentamente.

If it be your will
That I speak no more
And my voice be still
As it was before
I will speak no more

(“If It Be Your Will”)

Si es su voluntad
Que no hable más
Y mi voz quede quieta
Como estaba antes
No hablaré más

Cohen es oscuro por sus silencios. En los años 90 se alejó no solo de la música, sino de una forma de vida para someterse a la rigurosa disciplina monacal durante cinco años para ordenarse monje Rinzai del budismo Zen.

Now I’m living in this temple
Where they tell you what to do
I’m old and I’ve had to settle
On a different point of view

(“On the Level”)

Ahora estoy viviendo en este templo
Donde te dicen lo que hay que hacer
Estoy viejo y tuve que decidir
Por un punto de vista diferente

Cohen es oscuro también por su vitalidad. Se ordenó monje, pero no se retiró. Salió del monasterio y publicó el disco Ten New Songs (2001), mostrando que nada es tan simple, en su vida secreta: “Thank God it’s not that simple/ In my secret life”. Un par de años más tarde publicó otro álbum: Dear Heather (2004). La letra de la canción que da título al álbum es esta lacónica carta.

Dear Heather
Please walk by me again
With a drink in your hand
And your legs all white
From the winter

(“Dear Heather)

Querida Heather
Por favor camina nuevamente conmigo
Con un trago en tu mano
Y tus piernas todas blancas
Por el invierno

Luego salió a los escenarios. Dicen que para mejorar sus finanzas, mermadas por una estafa que también es una historia de amor. Cohen es oscuro. Volvió a hacer conciertos. Y muchos. Realizó toda una odisea alrededor del planeta, bordeando sus ochenta años. Al mismo tiempo, publicó discos en vivo, grandes éxitos, y también nuevos materiales. “Perdónenme por no morir”, saludaba a su público en Londres en 2008. Pegado a la tierra, su cuerpo dio 82 vueltas al sol.

Pero Leonard Cohen ha muerto.

El 7 de noviembre de este año, 2016.

“Leonard Cohen murió mientras dormía, tras una caída en la mitad de la noche. La muerte fue repentina, inesperada y en paz”, afirmaba su representante. Murió durmiendo, dormido. En su casa, en Los Ángeles, California. Cohen, el canadiense quebequés. Cohen es oscuro porque ha muerto.

Murió de una muerte accidental, pero sin eventos. No fue un disparo de Spector o una larga agonía. Solo la muerte. La muerte y Cohen. Ahora muerto, solo la muerte en sus canciones.

Cohen es oscuro porque no muere. Escucho sus poemas reproducidos de cualquier manera en cualquier momento, y su aire vuelve a respirar. O me hace respirar. No muere, simplemente. Aunque su muerte sea accidental y carente de eventos. No deja de morir. Cohen es oscuro.

I caught the darkness
Drinking from your cup
I said: Is this contagious?
You said: Just drink it up

(“Darkness”)

Agarré la oscuridad
Bebiendo de tu copa
Dije: ¿Es contagiosa?
Dijiste: Solo bébela de un sorbo

Cohen no replica el lugar común: que los artistas que no mueren. Lo suyo es más complejo y singular, pues se hizo fantasma antes de morir, principalmente en sus tres últimos discos: Old Ideas (2012), Popular Problems (2014), y el más reciente, publicado pocos días de su fallecimiento: You Want It Darker (2016). Decidió hacerse fantasma y cantar con un pie y medio desde la muerte, desde las tinieblas. Y desde esas sombras hace relucir las luces más imperceptibles. Las que se apagan o apenas encienden. No canta como muerto. No lleva una calavera. No escupe sangre. Lleva una frágil vela por una ventosa oscuridad.

Cohen es oscuro porque no separa la vida de la muerte. Las canciones de Cohen suelen habitar un espacio de tinieblas y ambigüedad. Desde esa oscuridad enrumba a ciegas el camino hacia una luz. Hacia cualquier luz. Luces oscuras que se apagan, luces que viajan. La línea nunca parece muy nítida.

We find ourselves on different sides
Of a line that nobody drew

(“Different Sides”)

Nos encontramos en diferentes lados
De una línea que ninguno dibujó

Cohen se transformó en un fantasma también para interpelar:

I love to speak with Leonard
He’s a sportsman and a shepherd
He’s a lazy bastard
Living in a suit

(“Going Home”) 

Quiero hablar con Leonard
Es un deportista y un pastor
Un bastardo perezoso
Que vive en un terno

Cohen es oscuro porque marca la vida en sus heridas. Las historias son cicatrices: algunas cerradas, otras abiertas. Cohen es dramático.

Steer your way through the pain
that is far more real than you
That has smashed the Cosmic Model,
that has blinded every View
And please don’t make me go there,
tho’ there be a God or not

(“ Steer Your Way”)

Dirige tu camino a través del dolor
que es más real que tú
Que ha aplastado el Modelo Cósmico
que ha enceguecido toda Vista
Y por favor no me hagas ir para allá
Exista Dios o no  

Pero Cohen es el más oscuro porque la muerte no es dramática. No monta un teatro de suplicios, dolores y escarmientos. Solo la muerte.

Going home
Without my burden
Going home
Behind the curtain

(“Going Home”) 

Yendo a casa
Sin mi carga
Yendo a casa
Detrás de la cortina

Tú lo quieres más oscuro: You Want it Darker es su último trabajo, publicado solo semanas antes de su accidental muerte. Cohen y la oscuridad:  You Want it Darker ¿Qué es lo que se espera más oscuro? ¿Quién es ese tú que lo desea todavía más oscuro? Cohen grabó You Want it Darker en su casa en Los Ángeles, casi sin poder moverse. Tenía varias vértebras fracturadas. Su voz siempre ha sido adolorida, golpeada. Pero también resuena el momentáneo alivio a esos golpes. La dicha puede ser sombría o las sombras dichosas.

A million candles burning
For the love that never came
You want it darker
We kill the flame

(“You Want It Darker”)

Un millón de velas que se queman
Por un amor que nunca llegó
Lo quieres más oscuro
Matamos la llama

Cohen y la muerte. Apagar las luces, adormecer las jornadas de trabajo con poemas y escalofríos. Reproducir You Want it Darker. Sumergirse en oscuridad de Cohen, que hace todo más grave con su muy grave voz. Voz que empezó a forjar y forzar en sus discos Im Your man (1988) y The Future (1992). La voz de Cohen, la voz profunda de Cohen. Tomó “mucho Prozac, Paxil, Wellbutrin, Effexor, Ritalin, Focalin”, y paliaba los dolores de sus fracturas con marihuana, pero cultivó esa voz con cigarrillos y whisky. You Want it Darker…

En sus trabajos finales, su canto rotundo se mezcla y diluye con una pausada declamación poética. Cantar es hablar es recitar es entonar es susurrar es callar.

“I’m ready, My Lord”. “Estoy listo, Mi Señor”, afirma en “You Want it Darker”, exclamación que acompaña con un coro la afirmación bíblica: “Hineni” … “Aquí estoy”. Deseo de redención, pero también de desnudez y resignación. Cohen y la muerte. “Estoy listo para morir”, había dicho en una entrevista. Luego se corrigió: “Creo que estaba exagerando. Siempre me ha interesado la auto dramatización. Pretendo vivir para siempre, o quedarme por acá hasta los 120”. A Cohen le quedan mucho más que 40 años de vida. Pero está preparado para morir.

I’ve got these excuses
They’re tired and lame
I don’t need a pardon
There’s no one left to blame
I’m leaving the table
I’m out of the game

(“Leaving the Table”)

Tengo estas excusas
cansadas y pobres
No necesito un perdón
No queda nadie a quien culpar
Me estoy levantando de la mesa
Me retiro del juego

La muerte también es lenta, Leonard. Muy lenta.

It’s not because I’m old
It’s not what dying does
I always liked it slow
(“Slow”)

No es porque sea viejo
No es lo que morir hace
Siempre me gustó lento

Cohen es el más oscuro porque se despidió. Si estos tres discos son su gran despedida, me cuesta pensar en alguien que lo pueda emular en la depurada magnitud de su empresa. Hizo una lenta antología personal del adiós.  “So Long, Marianne” (“Hasta pronto, Marianne”), incluida en su primer disco, Songs of Leonard Cohen (1967), es una de sus canciones más populares, y ya era una despedida. Si acaso la primera, no fue la última. Tampoco de Marianne. En junio de este año, 2016, murió Marianne Ihlen, de la que se despedía en su famosa canción. Cohen se volvió a despedir: “I just want to wish you a very good journey. Goodbye old friend. Endless love, see you down the road”. (“Solo quiero desearte un muy buen viaje. Adiós, vieja amiga. Amor infinito, te veo no muy lejos”).

Cohen es oscuro porque no deja de despedirse. Siempre ha estado despidiéndose, buscando una forma de despedirse. Pero los fantasmas no se despiden. No se pueden despedir. Aunque se despidan una y otra vez. El que mucho se despide, no quiere marcharse. No puede marchar. Cohen es oscuro, y la oscuridad no se puede apagar.

But you’ll be hearing from me baby,
long after I’m gone
I’ll be speaking to you sweetly
from a window in the Tower of Song

(“Tower of Song”) 

Pero escucharás de mí, nena,
mucho después de haberme marchado
Te estaré hablando dulcemente
desde una ventana en La torre de la Canción.

***
Everybody knows that the naked man and woman
Are just a shining artifact of the past

(“Everybody Knows”)

Todos saben que el hombre y la mujer desnudos
Son solo un reluciente artefacto del pasado

Le preguntaron a Cohen sobre el premio Nobel de literatura otorgado a Bob Dylan. Es “como ponerle una medalla al Monte Everest por ser la montaña más alta”, contestó. Replicando sus metáforas geográficas, imagino que toda esta divagación sobre sus poemas y canciones es también como intentar ponerle una frívola medalla a la fosa Challenger, por ser el abismo más profundo de la corteza terrestre. A esas profundidades lleva y seguirá llevando la música de Cohen, el más oscuro, el más radiante.


 

(*) Este texto puede destilarse solo a las citas de los poemas/ canciones de Cohen. Y a las traducciones del autor, cuando sea necesario.

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